SIDA, un flagelo en la tierra del Mundial

Por Agustín Colombo
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La atención del mundo está centrada, por primera vez en la historia, en el más pobre de todos los continentes. África se ilumina por las luces de la televisión, pero sigue sufriendo el rol que le asignó, sin ninguna consulta, el sistema. Poco saben, por ejemplo, que Sudáfrica, donde se juega la Copa del Mundo, es el país con mayor cantidad de infectados de VIH del planeta.
 
Según las estadísticas oficiales, cada día mueren 1.000 sudafricanos a causa del SIDA. También cada 24 horas, otros 1.500 contraen el virus. En Sudáfrica, tierra bendecida por la naturaleza y castigada por más de medio siglo de discriminación legislada, el 11% de la población (alrededor de 5.5 millones) vive con VIH.

Los números impactan. Y el desconocimiento de los políticos de Sudáfrica estremece: la ministra de salud del ex presidente Thabo Mbeki aconsejó a los enfermos de VIH que tomaran un menjunje de ajo, limón, remolacha y aceite para curarse. En 2006, durante un juicio por presunta violación, el actual primer mandatario, Jacob Zuma, declaró que luego de tener relaciones con una mujer seropositiva (con “s”) se bañó para “minimizar el riesgo de contraer la enfermedad”. El que está leyendo estas líneas debe saberlo: la única manera de prevenir el contagio es utilizando preservativos durante el acto sexual.   

De acuerdo a datos que proporciona la fundación Lovelife, en Sudáfrica, 30 mil bebes se enferman de VIH cada año que pasa. Una de cada dos adolescentes embarazadas convive con el virus. Y el 33% de los mujeres de entre 20 y 34 años padece esta epidemia.

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El SIDA avanza por toda la África subsahariana, pero parece disminuir su marcha cuando una pelota se interpone en su camino. Eso, al menos, intenta hacer Grassroot Soccer (GRS), una organización fundada por ex jugadores profesionales que utiliza al fútbol como método de prevención del VIH. “Es una herramienta muy poderosa y nada costosa, sólo necesitas un balón para que todos puedan jugarlo”, asegura Ayanda Chris Lembethe, coordinador de entrenadores del proyecto. Ayanda, como casi todos en Sudáfrica, conoce al SIDA de cerca: su tío murió hace algunos años como consecuencia de esa enfermedad.

Se estima que en 2015, un tercio de los niños sudafricanos perderá, como mínimo, a uno de sus padres a causa del SIDA. “Te encuentras jóvenes que están tristes, lo puedes ver a través de sus ojos. Y cuando les preguntas ‘¿qué pasa?’, ellos a veces te responden que la madre está enferma de VIH. Entonces debemos motivarlos para que jueguen al fútbol, así al menos dejan de llorar”, cuenta, angustiado, Sello Mahiangu, entrenador voluntario de GRS.

La sociedad se confunde, y el SIDA, además de matar, hace que otros maten en nombre de él. En África, comarca espiritual y multireligiosa, tener el VIH significa tener un estigma. Así lo narra Andile Kafemi, otro colaborador de Grassroot Soccer, quien perdió un amigo asesinado por una pandilla. Él cree que lo mataron porque estaba infectado con el VIH. “Cuando escuche la noticia me puse furioso. Fue un reto para mí, porque eso me pudo hacer volver a las pandillas. Pero en ese momento ya conocía del VIH y del SIDA, y sabía que quienes lo mataron no tenían idea de qué era la enfermedad”.

Según lo que estima Lovelife, Sudáfrica necesitará, en los próximos cinco años, mil millones de dólares para tratamientos antirretrovirales y 300 millones para campañas de prevención del VIH. Es casi el mismo dinero que el país gastó en la construcción de los cinco estadios nuevos (los otros fueron remodelados) que presentó en el Mundial: Ciudad del Cabo (605 millones de dólares), Durban (178), Nelspruit (171), Port Elizabeth (150) y  Polokwane (150). La Copa del Mundo terminará en menos de un mes. El SIDA, flagelo sudafricano, permanecerá.

 

La peor previsión

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El Dr. David Harrison, ex director de Lovelife, asegura que el Mundial de fútbol, en vez de ser una bendición económica y cultural, puede resultar una daga en el pecho de todos los sudafricanos. “Parece que hubo dinero para estadios, pero no para manejar la crisis más grande que este país ha experimentado, que es la del SIDA. Estamos al borde del precipicio en términos de sistema de salud. Y si el Estado no proporciona los presupuestos para antirretrovirales y prevención en los próximos años, la sociedad de Sudáfrica estará perdida”, indicó Harrison.

 


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